¡Qué hongo! Aquí Alexander De la Luz, de Aleación FUN, escribiendo newsletter ultra fungi, de inglés al español, llegando a todo el planeta. Esta semana: cómo un ejecutivo de la industria musical pasó del caos total con ácido en un motel de bikers a crear una ceremonia sagrada con hongos en el bosque de Tennessee — y el anuncio de un evento psicodélico en Nashville que no te vas a querer perder. Comenzamos:
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Anunciando el Phoenix Rising Psychedelic Speakeasy — 5 de Noviembre en Nashville
+ Invitación a la Incubadora Mycopreneur
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Nota de Dennis Walker:
[La newsletter de hoy es la versión digital del artículo que publiqué recientemente en la revista Shroomski Magazine para su edición más reciente, lanzada el 24 de junio.]
En su esencia, Mycopreneur siempre ha sido sobre visibilizar y apoyar a los emprendedores del mundo de los hongos. El protagonista de hoy es alguien que ha estado haciendo grandes movimientos en el ecosistema fungi y más allá: Edward Crowe.
Lo presento ante la comunidad Mycopreneur en honor a un evento muy especial que anunciamos hoy: el Phoenix Rising Psychedelic Speak Easy en Nashville, el 5 de noviembre, un evento presencial en el Analog at Hutton Hotel en el corazón del centro de la ciudad. Será una noche de creatividad, curiosidad y educación psicodélica con artistas y narradores de renombre. Yo voy a conducir la velada y voy a estrenar nuevo material de comedia.
Tenemos más cosas relacionadas con este evento que anunciaremos pronto, pero los tickets ya están disponibles así que ya saben qué hacer... esto se va a agotar, no se duerman. Ahora conozcamos un poco más al hombre que produce el evento:
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"Del caos urbano a la ceremonia en el bosque: viajando con el ejecutivo musical Edward Crowe"
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Mucho antes de los conciertos con todo vendido y las colaboraciones con superestrellas como Yelawolf, Bam Margera y Jelly Roll, el ejecutivo de la industria musical Edward Crowe se la estaba pegando con una macrodosis de LSD en una fiesta de motel destartalado llena de miembros de un club de motociclistas regional en Antioch, Tennessee.
Crowe y un amigo habían conseguido un frasco de LSD líquido de un tipo enmascarado que salió del bosque en un cuatriciclo después de coordinar la entrega por un teléfono desechable. Lo que siguió fue una especie de fiesta psicodélica y forajida sin control: desconocidos llegando a su cuarto de motel, motociclistas haciendo fila para ser doseados con el abundante ácido, y el tejido mismo de la realidad deshaciéndose en tiempo real sin nadie con cabeza fría para contenerlo. La situación se deterioró rápido y las salidas estaban comprometidas, así que Crowe hizo lo que tenía que hacer: derribó la puerta con cerradura del cuarto contiguo como plan de escape.
"Fue no regulado, por decir lo menos", dice. "Salvaje, salvaje, salvaje."
Edward Crowe no romantiza demasiado esos primeros años psicodélicos. No hay relatos de origen prolijos ni nostalgias por estas historias del viaje. Si algo, la historia de Crowe trata menos de descubrir los psicodélicos que de sobrevivirlos el tiempo suficiente para entender qué le querían mostrar.
Mucho antes de que su visión empresarial estuviera afinada y los hongos psilocibios se convirtieran en una ceremonia renovadora para este ejecutivo del entretenimiento y emprendedor serial, los estados alterados eran un foco atractivo, aunque caótico, para Crowe y sus compañeros mientras se formaban como roadies en la industria musical.
(Nota de Dennis: Edward Crowe y yo conectamos al periodista Mattha Busby con el ícono de Jackass, Bam Margera, para este perfil en Rolling Stone que salió esta semana — Bam está usando una camiseta de Murder Cigars, que es la empresa de cigarros de Edward.)
"Hubo una época en que estaba en Seattle de gira y teníamos un montón de ácido que la gente nos había ido dando en el camino", dice Crowe.
Él y un amigo tomaron varias dosis y deambularon por la ciudad durante horas. Recuerda haber caminado unos 27 kilómetros con botas vaqueras, flotando entre multitudes, convencido en algunos momentos de que la CIA lo seguía, tirando tabs en papeleras públicas para deshacerse de la evidencia. Los mismos personajes parecían reaparecer en distintas partes de la ciudad, como si siguieran un guión invisible.
Pero incluso en ese caos, comenzaba a formarse un camino significativo hacia adelante.
Emergió un patrón: las experiencias con LSD prosperaban en movimiento, en las ciudades, en presencia de gente y caos creativo. Podía andar en bicicleta por kilómetros, navegar zonas urbanas evadiendo agencias de inteligencia imaginarias, e involucrar su sentido artístico con un bote de spray en un patio de trenes abandonado. Pero los hongos psilocibios eran algo completamente distinto.
"Los hongos son iglesia", dice. "Escuela. El médico."
(Nota de Dennis: Imaginen que hay una empresa como Booming Acres ahí afuera que ofrece todo lo que necesitas para empezar a cultivar hongos exóticos y gourmet en cantidad en casa, sin ninguna experiencia — eso es un hobby increíble, un side hustle monetizable o un negocio completo en una caja del que miles de personas ya se están beneficiando ahora mismo, y no hay razón por la que no puedas sumarte.)
Esa distinción tomó mucho ensayo y error reconocerla. Como muchos, Crowe se encontró con la psilocibina por primera vez en un contexto más casual, después de quedarse con una cantidad que no había planeado usar. En ese momento era solo otra sustancia en la rotación, otra manera de hacer dinero y vivir al máximo. Pero los hongos tenían más que decir de lo que estaba preparado para escuchar en ese entonces.
Los hongos ofrecían claridad donde el LSD proveía novedad. Después de una racha difícil o caótica, una experiencia con hongos lo reiniciaba mental, emocional e incluso físicamente. El estrés se disolvía. Su pensamiento se agudizaba. Empezó a volver a ellos deliberadamente, espaciando las sesiones, tratando de "completar la tarea" antes de volver a entrar.
Y entonces las cosas empezaron a ponerse realmente salvajes, pero en un sentido más astral y personal, interno.
Crowe describe momentos en que la comunicación parecía ocurrir de forma telepática. Los insights y un sentido de saber llegaban con claridad. La línea entre el pensamiento interno y el entendimiento recibido comenzó a difuminarse.
Las experiencias con dosis altas traían sensaciones tan fuertes que sentía que podría "salir disparado de su cuerpo". En esos estados, el control tenía menos que ver con navegar la experiencia y más con contenerla. Se dio cuenta rápido de que había una magia profunda en el entorno ceremonial.
"En la ciudad, si algo sale mal, estás afectando a otras personas", dice. "Allá en el bosque, puedo gritar, llorar y revolcarme, y no va a lastimar a nadie."
Así que llevó la ceremonia de hongos afuera, al bosque de Tennessee.
Luego abrazó el silencio. Eventualmente, todos los estímulos externos —teléfonos, luces, música— fueron removidos y reemplazados por ritual silencioso. Se convirtió en solo él, el entorno y la experiencia misma.
Y entonces, sin un momento claro de decisión, se convirtió en ceremonia.
(Nota de Dennis: Aquí van algunas fotos del Analog at Hutton Hotel en Nashville donde tendrá lugar el Phoenix Rising Psychedelic Speakeasy el 5 de noviembre.)
Crowe es cuidadoso con esa palabra. No se propuso crear un espacio ritual. Emergió gradualmente, casi por accidente. Un cristal regalado por una amiga. Otro de su madre. Después de que ella falleció, sus cenizas fueron colocadas debajo de ellos. Un fuego ayudó a anclar la experiencia.
Con el tiempo, otros comenzaron a compartir el contenedor ceremonial con Crowe. Y cuando llegaban, también aportaban algo: una oración, un momento de gratitud y reconocimiento del espacio.
"Solo se fue haciendo más sagrado", dice. "Cada paso."
La evolución del caos a la intención es la columna vertebral de la historia de Crowe. No finge que los primeros años de viajar en moteles con pandillas de motociclistas y escapar de operativos de agencias de inteligencia imaginarios fueron necesarios en algún sentido grandioso y predestinado. Hay momentos en los que mira atrás —como manejar de noche bajo el efecto del ácido en un auto lleno de drogas, presenciar lo que parecía ser un robo en medio de una alucinación— que sabe podrían haber terminado diferente.
"No me pagarías suficiente para hacer eso ahora", dice.
Y sin embargo, tampoco reniega de esa versión de sí mismo.
El chico que vendía sustancias y se movía demasiado rápido para reflexionar puso en marcha un destino más grande. Sin esos encuentros, por más caóticos que fueran, no está seguro de que habría encontrado el camino en el que está ahora.
Porque lo que los hongos le dieron en última instancia no fue solo perspectiva — fue dirección.
Criado en un entorno donde, como él lo pone, los resultados tendían a reducirse a "muerto, en la cárcel, o apenas sobreviviendo", Crowe ve a los psicodélicos como una interrupción a esa trayectoria.
Hoy su enfoque es mesurado, intencional y ceremonial en el sentido más genuino. Espacía las sesiones con cuidado. Se prepara, respeta la medicina e integra.
Lo que comenzó con fiestas descontroladas en moteles y aventuras sin rumbo llenas de pandillas de motociclistas bajo el efecto del LSD ha madurado hacia una práctica espiritual con hongos en dosis alta, profundamente reverente y enfocada para Edward Crowe. Años de caos se han cristalizado en un sentido de sabiduría que no se puede comprar, solo ganar.
"Los hongos me salvaron la vida", dice sin rodeos.
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La incubadora Mycopreneur para Myco emprendedores
Este viernes 10, tenemos a Ksenia Klimov que compartirá sobre la creación de su empresa “Griibok” y sus investigaciones.
Todas las semanas tenemos un nuevo tema.
🇦🇷 3 pm Argentina · 🇲🇽 12 pm hora del centro de México · 🇪🇸 8 pm España
Agéndalo aquí: https://calendar.app.google/Tx3v9icnKWzS6JzGA
En la próximas semanas, podrás estar con: Salvador Morrone, Alejandrina, César Marin y Erika Hernández.
Desde el amor;
Alexander D y Dennis W 🍄